19 de diciembre de 2011

Reflexión 21 - Estimado...




Es extraño cómo te quiero. No podría yo con exactitud amenazarte con que se te está acabando el tiempo, pero en realidad no puedo acordarme bien, por más que en ello me esmero, de cómo se veía mirarte a los ojos, o cómo se sentía abrazarte, entre otras muchas cosas. Tengo memorias peregrinas y taciturnas de tu voz, de tu piel, hasta de cómo me arreglaba para tí, más no tengo hoy muy claro el tacto de tu aroma que me iluminaba, ni siquiera tu sonrisa. Aún así, me esmero en recordarte, porque lo cierto es que quererte (o evocar quererte, no lo tengo muy nítido ahora) se siente bien, me envuelve, me envicia y me clava sus espinas cuando te siento ajeno y ausente. No sé cuál de las dos me hiere más a decir verdad… Me he acostumbrado a ver la sangre salir, correr como brillantes ríos escarlata que manchan en su recorrido todo lo que encuentran a su paso con tu presencia y tu ausencia.



Al final del día suspiro. Recuerdo que te extraño y eso me genera un vacío en el espíritu que me hace perder la respiración por unos instantes, y de nuevo suspiro, suponiendo a lo mejor que si no pongo algo de aire dentro de mi cuerpo material ya se acaba de morir definitivamente. Y resulta que después de todo aún te quiero. Te quiero con rabia y con constancia a la vez; mi amor parece comportarse como una semilla paciente que espera que me correspondas cuando pase este macabro invierno, y así crecer frondoso y colorido. Con sus frutos podría yo hacer algún líquido medianamente cristalino para endulzarte los oídos, mientras que mis ramas y hojas te envuelven suavemente para abrazarte y protegerte de los tropiezos del cuerpo y del alma. O extraño quererte, ya no sé. Creo que es más bien eso y en alguna lógica paralela el efecto sería bastante similar mientras el espejismo se esfuma a la realidad que está en el fondo, según la cual en realidad ya no existes, sino que me apego a un recuerdo que me hacía feliz pero ya ni siquiera tiene esa consecuencia.

Es curioso todo lo que pasa cuando deliberadamente o sin darse cuenta la gente reta mi paciencia y mi terquedad. Por motivos tan diversos como las formas que puedan tomar las dunas del desierto no hay estadísticas que valgan, y todos salimos decepcionados de los resultados.
Atentamente,
Epicurea.

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